Heráclito de Éfeso (en griego antiguo: Ἡράκλειτος ὁ Ἐφέσιος Herákleitos ho Ephésios; Éfeso, c. 540 a. C.-ibidem, c. 480 a. C.), fue un filósofo griego presocrático nativo de Éfeso, ciudad de Jonia, en la costa occidental del Asia Menor (en la actual Turquía y luego parte del Imperio persa).

La principal fuente de su vida nos llega a través de Diógenes Laercio. Nació en el seno de una familia aristócrata, pero evitó su vida privilegiada convirtiéndose en un filósofo ermitaño autodidacta. La obra de Heráclito es completamente aforística y se le atribuye un libro titulado Sobre la naturaleza (περὶ φύσεως). Como los demás filósofos griegos anteriores a Platón, no quedan más que fragmentos de sus obras, y en gran parte se conocen sus aportes gracias a testimonios posteriores. Estos fueron recopilados por Hermann Diels y Walther Kranz en la obra Die Fragmente der Vorsokratiker bajo la numeración Diels-Kranz.

Fue conocido también como El Oscuro de Éfeso y El Adivinador debido a la naturaleza oracular y paradójica de su filosofía, y El filósofo llorón (en contraste con Demócrito, «el filósofo risueño»), debido a una supuesta personalidad melancólica y tristona. No obstante, respecto a este último epíteto, Kirk y Raven han señalado que se basa en juicios «totalmente triviales» que provienen en primer lugar, de referencias burlescas a la idea heraclítea de que todo fluye como el río, y en segundo lugar, a un error de traducción a Teofrasto. Este último se refirió a Heráclito utilizando la palabra μελαγχολία con el sentido de «impulsividad» y no de «melancolía», significado que posteriormente adquirió, confundiendo a Diógenes Laercio, y llevándole a atribuir a Teofrasto la teoría de que Heráclito no completó algunas de sus obras debido a la melancolía. Es así que hasta ahora no existen antecedentes históricos fiables que respalden el carácter pesimista y tristón de Heráclito.
Por otro lado, las expresiones crípticas del efesio han sido objeto de numerosas interpretaciones. Ha sido visto de diversas maneras: como un «monista materialista o un filósofo de procesos; un científico cosmólogo, un metafísico, o principalmente un pensador religioso; un empirista, un racionalista o un místico; un pensador convencional o un revolucionario; un desarrollador de lógica o alguien que negó el principio de no contradicción; el primer filósofo genuino o un oscurantista anti-intelectual».
Heráclito creía que el devenir mundo estaba regido de acuerdo con lo que denominó el Logos (traducido como «palabra», «razón» o «discurso»). También creía que el cosmos era una transmutación de fuego. Heráclito fue famoso por su insistencia en el cambio (panta rei) y por su firme compromiso con la unidad y armonía de los contrarios, a diferencia del eléata Parménides, quien declaraba que «lo que es, no puede no ser», negando así el cambio. Heráclito es considerado como uno de los fundadores de la dialéctica y en parte de la metafísica y la moral. Ambos pensadores influyeron en Platón y también, en consecuencia, a la filosofía occidental.
Biografía
La fuente principal de la vida de Heráclito nos llega a través del historiador Diogenes Laercio en su obra Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres.
Heráclito «floreció» en la 69ª Olimpiada, 504–501 a. C. Hijo de un tal Heración o Blisón, Heráclito se crio en el seno de una familia aristocrática hereditaria del cargo de Basileos c. 540 a.C. en Éfeso, parte del Imperio Persa, en lo que hoy es Turquía. Tal cargo Heráclito se lo cedió a su hermano. Diógenes relata que Heráclito era un misántropo. Creía que Hesíodo, Pitágoras, Jenófanes y Hecateo no sabían nada y que Homero y Arquíloco merecían ser derrotados. No fue discípulo de nadie, aunque se dice que lo fue de Jenófanes. Diógenes Laercio relata que cuando Heráclito era niño había dicho que «no sabía nada», pero luego afirmó que «sabía todo». Odiaba a los atenienses y a sus compañeros efesios, deseando a los últimos riquezas como castigo por sus malos caminos y que se ahorcasen por desterrar a su líder más destacado. Debido a ello, se retiró a los montes a vivir como un ermitaño. Es probable que interviniera en los asuntos de la ciudad en el período en que el gobierno de Persia había dado lugar a la autonomía.
La vida de Heráclito como filósofo fue interrumpida por una hidropesía. Los médicos que consultó no pudieron prescribir una cura. Diógenes enumera varias historias sobre la muerte de Heráclito en dos versiones. En una Heráclito se curó de la hidropesía y murió de otra enfermedad. Sin embargo, en un relato, el filósofo se enterró en un establo esperando que el calor húmedo del estiércol le sacara la huemedad nociva, mientras que otro dice que se trató con un linimento de estiércol de vaca y, después de un día propenso al sol, murió y fue enterrado en el mercado. Murió hacia el año 470 a.C. Según Neantes, después de mancharse con estiércol, Heráclito fue devorado por perros.
Obra
La obra de Heráclito es completamente aforística. Su estilo remite a las sentencias del oráculo de Delfos y reproduce la realidad ambigua y confusa que explica, usando el oxímoron y la antítesis para dar idea de la misma. Diógenes Laercio (en Vidas…, IX 1–3, 6–7, 16) le atribuye un libro titulado Sobre la naturaleza (περὶ φύσεως), que estaba dividido en tres secciones: «Cosmología», «Política» y «Teología». No se sabe nada más de este libro.
Muchos filósofos posteriores de este período se refieren a Sobre la naturaleza. Charles Kahn dijo: «Hasta la época de Plutarco y Clemente, si no más tarde, el librito de Heráclito estaba disponible en su forma original para cualquier lector que quisiera buscarlo». Laercio comenta sobre la notabilidad del texto, declarando: «Su libro se hizo tan célebre, que llegó a tener secuaces, llamados heraclitianos«. Entre los filósofos prominentes identificados hoy como heraclíteos se incluyen Crátilo y Antístenes, que no debe confundirse con el cínico.
Los fragmentos de su obra que han sobrevivido fueron reunidos y explicados por primera vez en la edad contemporánea por Schleiermacher en su compilación Herakleitos der Dunkle von Ephesos de 1807. Estos se catalogan actualmente utilizando el sistema de numeración Diels-Kranz, recopilados en la obra Die Fragmente der Vorsokratiker (1903).
El primer estudioso en proponer un ordenamiento de los fragmentos fue P. Schuster (1873), poniendo a la cabeza de todos el que posteriormente fue dispuesto como B56 (Diels-Kranz) y que refiere la adivinanza que unos niños plantearon a Homero, y que este, «el más sabio de todos los griegos», como lo pinta Heráclito (véase más abajo), no supo resolver. Ingram Bywater en 1877 hizo un reacomodo de los fragmentos conforme a la indicación de Laercio, traducido al español por José Gaos. Es curioso que Bywater no considera importante el fragmento que Schuster pone a la cabeza de todos, y no lo incluye en su propia ordenación. Agustín García Calvo reconstruye la posible estructura del libro en su edición de los fragmentos del mismo, titulada Razón común, en la que distingue tres apartados: «Razón general», «Razón política» y «Razón teológica».
Doctrinas
Heráclito es conocido como «el Oscuro», por su expresión lapidaria y enigmática. Heráclito sostuvo que el fundamento de todo está en el cambio incesante. El ente deviene y todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa. Enrique Hülsz afirmó que «todos los distintos temas que forman el conjunto de la filosofía de Heráclito están recíprocamente contenidos unos en otros».
Es común incluir a Heráclito entre los primeros filósofos físicos (φυσικοί, como los llamó Aristóteles), que pensaban que el mundo procedía de un principio natural (como el agua para Tales de Mileto, el aire para Anaxímenes y el ápeiron para Anaximandro), y este error de clasificación se debe a que, para Heráclito, este principio es el fuego, lo cual no debe leerse en un sentido literal, pues es una metáfora como, a su vez, lo era para Tales y Anaxímenes. El principio del fuego refiere al movimiento y cambio constante en el que se encuentra el mundo. Esta permanente movilidad se fundamenta en una estructura de contrarios. La contradicción está en el origen de todas las cosas.
El Logos
La naturaleza está regida por una ley que Heráclito denomina Λόγος (Logos) con el significado de razón, palabra o discurso en griego. Aunque Heráclito «juega deliberadamente con los diversos significados de Logos«, no hay ninguna razón convincente para suponer que lo usó en un sentido técnico especial, significativamente diferente de la forma en que se usaba en el griego ordinario de su época.
Este Logos no solo rige el devenir del mundo, sino que le habla (indica, da signos) al hombre, aunque la mayoría de las personas «no sabe escuchar ni hablar». El orden real coincide con el orden de la razón, una «armonía invisible, mejor que la visible» pues la naturaleza le encanta esconderse, aunque Heráclito se lamenta de que la mayoría de las personas sean sordas o dormidas al Logos, incapaces de ver lo real. Si bien Heráclito cree en el uso de los sentidos como indispensable para comprender la realidad, sostiene que con ellos no basta y que es igualmente necesario el uso de la inteligencia, como afirma en el siguiente e importante fragmento: Se engañan los hombres […] acerca del conocimiento de las cosas manifiestas, de la misma manera que Homero, que fue [considerado] el más sabio de todos los griegos. A él, en efecto, unos niños que mataban piojos lo confundieron, diciéndole: ‘cuantos vimos y atrapamos, tantos dejamos; cuantos ni vimos ni atrapamos, tantos llevamos’. Hipólito de Roma, Refutatio, IX, 9, 5-10
en Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B56
Este Logos se encuentra comúnmente dentro del alma de cada uno y hay posibilidad en todo hombre de despertar escucharlo y volverse sabio. Los teólogos durante siglos han identificado el Logos de Heráclito con Dios.
Los contrarios
Al uso de los sentidos y de la inteligencia, hay que agregarle una actitud crítica e indagadora. La mera acumulación de saberes no forma al verdadero sabio, porque para Heráclito lo sabio es «uno y una sola cosa», esto es la teoría de los opuestos (enantiodromía), interpretación que muestra su monismo, aunque quizás sea más bien dialéctico. El propio Heráclito lo expresará de la siguiente manera: También la naturaleza tiende a lo opuesto, y de ello y no de lo idéntico es de donde obtiene el acorde. Diels. Die Fragmente der Vorsokratiker. I. 1912.
Con dicho término se establece en la filosofía de Heráclito «el juego de los opuestos en el devenir, esto es, la noción de que todo lo que es pasa a su contrario». La doctrina de Heráclito recuerda al tao de Laozi en su doctrina de la «unidad de los opuestos». El todo es divisible e indivisible, engendrado y no engendrado, mortal e inmortal, palabra eterna, padre, hijo, dios justo. Es prudente escuchar al Logos, no a mí, y reconocer que todas las cosas son uno. Hipólito de Roma, Refutatio, IX, 9, 1
en Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B50
Según Platón y Aristóteles, Heráclito sostuvo opiniones ilógicas porque las cosas opuestas son idénticas, de modo que todo es y no es al mismo tiempo. «La discordancia, el contraste y la oposición son el mismo principio de concordancia, armonía y unidad de las propias cosas. Aunque, según Oswald Spengler, en Heráclito no puede hablarse de identidad los contrarios, sino de antinomias, en tanto que ningún opuesto puede darse sin el otro.»
El conflicto de los opuestos genera una armonía presente en la naturaleza y los asuntos humanos (luz y oscuridad, calor y frío, hombre y mujer…) que dan sentido y riqueza a la existencia. En una metáfora y uno de los primeros usos de una fuerza en la historia de la filosofía, Heráclito compara la unión de los opuestos con un arco o lira ensartada en forma por un equilibrio de la tensión de la cuerda. Hay una armonía en la flexión hacia atrás como en el caso del arco y la lira. Hipólito de Roma, Refutatio, IX, 9, 2
en Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B51
La realidad es una y múltiple al mismo tiempo por la esencia de todas las cosas, haciendo que exista una identidad o una idea universal concreta basada en la diferencia.
El cambio

Heráclito ha pasado a la historia como el modelo de la afirmación del devenir. Su filosofía se basa en la tesis del flujo universal de los seres: «Panta rei» (πάντα ρεῖ), todo fluye. El devenir está animado por el conflicto: «La guerra (pólemos) es el padre de todas las cosas», una contienda que es al mismo tiempo armonía, no en el sentido de una mera relación numérica, como en los pitagóricos, sino en el de un ajuste de fuerzas contrapuestas, como las que mantienen tensa la cuerda de un arco. El fragmento quizás más conocido de su obra dice: ποταμοῖς τοῖς αὐτοῖς ἐμβαίνομεν τε καὶ οὐκ ἐμβαίνομεν, εἶμεν τε καὶ οὐκ εἶμεν τε. En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]. Cleantes, Stoicorum Veterum Fragmenta, I, 519
Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B12
El fragmento (citado con frecuencia erróneamente como no se puede entrar dos veces en el mismo río, siguiendo la versión que da Platón en el Crátilo) ejemplifica la doctrina heraclítea del cambio: el río —que no deja de ser el mismo río— ha cambiado sin embargo casi por completo, así como el bañista. Si bien una parte del río fluye y cambia, hay otra (el cauce, que también debe interpretarse y no tomarse en un sentido literal) que es relativamente permanente y que es la que guía el movimiento del agua.
A primera vista esto puede parecer contradictorio, pero debe recordarse que Heráclito sostiene que los opuestos no se contradicen sino que forman una unidad armónica (pero no estática). Es razonable, entonces, que la otra cara del agua sea el fuego, como él mismo lo adelanta en sus fragmentos. La historiografía filosófica impuso un Heráclito platonizado con un primitivo empirismo al sostener la evidencia del cambio experimentado por los sentidos. Sin embargo Heráclito advirtió que la vista da falsedades y los oídos son malos testigos para los hombres que tienen almas bárbaras. El verdadero conocimiento consiste en comprender esta armonía omnipresente tal como se encarna en la variedad de la percepción.
Las doctrinas de Heráclito y Parménides de Elea siempre han sido contrapuestas (con cierto margen de error), ya que la del primero suele ser llamada «del devenir» o (con cierto equívoco) «del todo fluye», mientras que el ser parmenídeo es presentado como una esfera estática e inmóvil. A pesar de sus diferencias, Heráclito describe el Logos al igual que Parménides describe «lo que es», divino, eterno e inmutable. Las similitudes tampoco deben tomarse como indicación de influencia directa.
El fuego
Heráclito ve en el fuego la mejor expresión simbólica de los dos pilares de su filosofía: el devenir perpetuo y la lucha de opuestos, pues el fuego solo se mantiene consumiendo y destruyendo, y constantemente cambia de materia. Algunos autores ven en el ejemplo del río el cauce como el Logos que «todo rige», medida universal que ordena el cosmos, y en el agua del río, el fuego. κόσμον τόνδε, τὸν αὐτὸν ἁπάντων, οὔτε τις θεῶν οὐτε ἀνθρώπων ἐποίησεν, ἀλλ’ ἦν ἀεὶ καὶ ἔστιν καὶ ἔσται πῦρ ἀείζωον, ἁπτόμενον μέτρα καὶ ἀποσβεννύμενον μέτρα Este mundo, el mismo para todos los seres, no fue creado por los hombres ni por dioses, sino que fue, es y será fuego siempre vivo, que se enciende con medida y se apaga con medida. Clemente de Alejandría, Stromateis, V, 104, 2
Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B30
Algunos autores como Aristóteles, interpretaron el fuego de Heráclito e Hípaso de Metaponto como el arché de la realidad, siendo eterno donde todas las cosas son mutaciones del fuego. πυρὸς τε ἀνταμοιβὴ τὰ πάντα καὶ πῦρ ἁπάντων ὅκωσπερ χρυσοῦ χρήματα καὶ χρημάτων χρυσός. Todas las cosas son un intercambio por fuego, y fuego por todas las cosas, como bienes por oro y oro por bienes. Plutarco, De E apud Delphos, 388 E
Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B90
Sin embargo, la lectura monista del fuego es difícil por su doctrina del cambio. El fuego es más un símbolo del cambio. Proporciona un estándar de valor para otras cosas, pero no es idéntico a ellas. Dijo que tanto Dios como el fuego son «querer y excederse». Por «Dios», Heráclito no declaraba la versión cristiana de un solo Dios como motor inmóvil de todas las cosas, Dios como Creador, porque el universo es eterno, «siempre fue y será»; pero lo divino se opone a lo humano; lo inmortal frente a lo mortal, lo cíclico frente a lo transitorio. Podría decirse que es más preciso hablar de «lo Divino» y no de «Dios». Hipólito lo ve como una referencia del juicio divino y al infierno. A pesar de su empleo del lenguaje religioso, su visión teológica era bastante panteística. No obstante en algunos fragmentos habla de un Dios personal. ὁ θεὸς ἡμέρη εὐφρόνη, χειμὼν θέρος, πόλεμος εἰρήνη, κόρος λιμός [τἀναντία ἅπαντα· οὗτος ὁ νοῦς], ἀλλοιοῦται δὲ ὅκωσπερ πῦρ, ὁπόταν συμμιγῇ θυώμασιν, ὀνομάζεται καθ’ ἡδονὴν ἑκάστου Dios es: día y noche, invierno y verano, guerra y paz, saciedad y hambre; él toma diferentes formas, lo mismo que el fuego, que al mezclarse con los sahumerios (inciensos) es llamado según el aroma de cada cual de estos. Hipólito de Roma, Refutatio, IX, 10, 6
Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B67
Su actitud hacia las religiones de su tiempo, especialmente a la báquica, era hostil.
Política y ética

El hombre puede descubrir este Logos en su propio interior, pues el Logos es común e inmanente al hombre y a las cosas (la doctrina de Heráclito fue interpretada, olvidando esta afirmación del Logos, en la filosofía inmediatamente posterior —sobre todo en Platón— como una negación de la posibilidad del conocimiento: si nada es estable, se niega la posibilidad de un saber definitivo). Sin embargo: ὕες βορβόρῳ ἥδονται μᾶλλον ἢ καθαρῷ ὕδατι. Los cerdos gozan más con el fango que con el agua limpia. Clemente de Alejandría, Stromateis, I, 2, 2
Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B13
Su desprecio a los hombres le llevó a pensar que solamente la fuerza obligará a los hombres a obrar en su propio bien. Decía que «a todo animal hay que llevarlo a pastar a golpes», y «los burros prefieren la paja al oro». Heráclito afirma que la guerra es algo bueno, común para todos, ya que la lucha es justicia. La guerra es el padre de todo y el rey de todas las cosas; a algunos seres ha hecho dioses y a otros hombres; a unos esclavos y a otros libres. Hipólito de Roma, Refutatio, IX, 9, 4
en Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B53
Heráclito no era democrático, ya que no creía en la opinión de la mayoría para guiar a un pueblo, porque la mayoría es mala y pocos son buenos. Por ejemplo, refiriéndose a Pitágoras, opinaba que hizo pasar por sabiduría lo que no era erudición, sino arte de engañar. Solamente estimaba a Bías, «cuyo nombre es más respetable que el de los demás». Maestro de la mayoría fue Hesíodo. Creen que sabía muchísimas cosas; él, que no sabía distinguir el día de la noche. En efecto, una sola cosa son. Hipólito de Roma, Refutatio, IX, 10, 2
Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B57
Heráclito distingue entre las leyes humanas (nomos) y la ley divina. Él se manifiesta contra el derecho consuetudinario tradicional, en contraposición con la ley dada por el Estado (polis). Sin embargo, elimina el sentido humano de la justicia de su concepto de Dios, pues para Dios todas las cosas son justas, buenas y justas. La ley es obedecer el plan de un solo hombre, y las leyes humanas están alimentadas por la ley divina (el Logos) que los hombres deben defender. La verdadera virtud consiste en la subordinación del individuo a las leyes de la armonía del Logos, donde se encuentra la verdadera libertad.
Su ética es un ascetismo orgulloso, parecido al de Nietzsche. Un hombre vale mil si conoce el Logos. La virtud es ser moderado y la sabiduría es conocer y obrar según la naturaleza. Heráclito consideró que el alma humana era una mezcla de fuego (noble) y agua (innoble). Se puede interpretar que Heráclito apreciaba más el autodominio, y despreciaba los placeres que distraen al hombre. El placer es frío y húmedo; esto se puede ver en los borrachos. αυγὴ ξηρὴ ψυχὴ σοφωτάτη καὶ ἀρίστη. El alma seca es la más sabia y la mejor. Estobeo, III, 5, 8
Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B118
Lo que pase con estas almas secas es bueno. Pensar bien es la mayor excelencia, y la sabiduría es actuar y hablar lo que es verdadero, percibiendo las cosas según su naturaleza. La doctrina de la inmortalidad del alma se destaca prominentemente en su ética. También se ha interpretado que Heráclito aboga por un relativismo moral: El bien y el mal son uno. Hipólito de Roma, Refutatio, IX, 10, 3
en Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B58
Cosmología
La primera cita del uso más temprano de kosmos en cualquier texto griego existente viene de Heráclito. Para Heráclito el Universo es finito y el mundo es único. Describió la bóveda celeste como un cuenco boca abajo que forma llamas, siendo éstas los astros. Señaló que el Sol es la llama más clara y cálida encontrándose muy alejado de nosotros, y la Luna más cerca. Con esto explicó los eclipses solares y los fenómenos meteorológicos.
Él llamó a todo el cosmos «un fuego eterno». Heráclito se refiere al avance del fuego con el fenómeno de la ekpyrosis, donde todo se destruye en el fuego. Este proceso define claramente el destino del Universo que nace del fuego y luego perece en el fuego. A este proceso de “extinción” lo llama el “camino hacia abajo”. Ahora bien, el devenir no es irracional, ya que el Logos, la razón universal, lo rige: «Todo surge conforme a medida y conforme a medida se extingue». Es el “camino hacia arriba”.10 πυρὸς τροπαὶ πρῶτον θάλασσα, θαλάσσης δὲ τὸ μὲν ἥμισυ γῆ, τὸ δὲ ἥμισυ πρηστήρ … θάλασσα διαχέεται καὶ μετρέεται εἰς τὸν αὐτὸν λόγον ὁκοῖος πρόσθεν ἦν ἢ γενέσθαι γῆ Las transformaciones del fuego son: en primer lugar el mar, y del mar a la mitad se transformó en tierra y la otra mitad en torbellino ígneo. La tierra se vuelve en mar líquido y es medida con el mismo Logos que existía antes de su conversión en tierra. Clemente de Alejandría, Stromateis, V, 104, 3 y 5
Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B31 πυρὸς θάνατος ἀέρι γένεσις, καὶ ἀέρος θάνατος ὕδατι γένεσις El fuego vive en la muerte de la tierra, el aire vive en la muerte del fuego, el agua vive en la muerte del aire y la tierra en la muerte del agua. Máximo de Tiro, XII, 4
Diels-Kranz, Die Fragmente der Vorsokratiker, 22 B76
Heráclito fue un hilozoísta. Se le atribuye la doctrina cosmológica del eterno retorno. También parece abogar por la reencarnación tras la muerte.




